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Crítica

Una historia sencilla en clave de comedia 

Los días con Ana, ganadora absoluta en el Espacio Uruguay del último Festival Cinematográfico Internacional, es un relato minimalista construído con serenidad y humor

por Juan Andrés Ferreira

Los días con Ana es una de las mejores películas realizadas en Uruguay. Concebida en video, es puro cine. Siguiendo los pasos de Una forma de bailar (Alvaro Buela, 1997), el largometraje de Marcelo Bertmío, tiene el peculiar atractivo de la sencillez. A pesar de que quienes actúan en el filme no son actores (y se nota), y de que pueden verse algunos descuidos de continuidad, un guión indestructible sumado al prolijo tratamiento en los encuadres hacen que la película fluya con naturalidad y sin altibajos.

Comienzo

 La cámara, fija y serena es un testigo que se encuentra en el momento justo y en el lugar indicado. Sin juzgar, sólo mostrando, registra el rutinario pasar de una banda de amigos, Ana (Aiala Rosá), Lucas (Javier Baliosián), Murdock (Jorge Visca), Laura (Lorena Etcheverry) y Fernando (Rafael Bernardi), que disfrutan del ocio. Desde hace ocho años que se reúnen todos los días en la plaza o en la casa de Fernando, y ni los noviazgos ocasionales con personas ajenas al grupo, los celos o el paso del tiempo, pudieron separarlos. La situación toma un giro inesperado cuando Ana decide acompañar a su novio Luis (el Pazguato, según la barra), ir de viaje y quedarse a vivir con él en España. 

La película arranca un día antes de que Ana les comunica su decisión, y así, conflictos no resueltos, sentimientos y deseos reprimidos (lazo que la une con Una forma de bailar) comienzan a asomar con inseguridad mientras la estabilidad del grupo se tambalea. 

Desarrollo

 De ahí en más, los perezosos veinteañeros dedicarán sus días a disfrutar de la compañía de su amiga de siempre, no sin antes jugarle alguna broma pesada al Pazguato, al mismo tiempo que, motivados por una infantil ilusión, intentan convencer a la joven de que abandone la idea de marcharse al extranjero. En clave de comedia, Los días con Ana aborda la inminente separación de la banda, y los conflictos que esto genera, sin subrayar su dramatismo. La acción es mínima. Hay muchos diálogos, pero también hay lugar para el silencio. El manejo del humor, del que se perciben rasgos característicos de las mejores comedias televisivas estadounidenses, es otro punto fuerte que hace a la historia y a quienes la habitan. La cámara, fiel testigo, sigue sin moverse y aunque abundan los primeros planos, su acercamiento es muy cauteloso dejando que los personajes entren y salgan de cuadro con naturalidad.

 Los días con Ana no muestra a los personajes, situaciones o escenarios, como típicamente uruguayos. La historia que se cuenta crece conforme a sus protagonistas, se nutre de lo que les pasa, de lo que sienten, de lo que dicen o de lo que les deja de pasar. Hay una intención deliberada de mantener a Montevideo en un segundo plano, como un escenario dificilmente identificable, para que de esta manera, tanto el relato como quienes toman parte de la acción, no queden anclados a un territorio determinado.

Fin

 Bertalmío, que además de escribir el guión y dirigir fue productor ejecutivo y el encargado de componer la música para el largometraje, no tiene experiencia previa en el campo audiovisual. Es ingeniero y actualmente cursa un postgrado en Estados Unidos. Los personajes de su primera película están interpretados por amigos que no solamente se limitaron a actuar. Etcheverry, además de personificar a Laura se encargó del transporte, al igual que Bernardi y Rosá. Visca trabajó como asistente de Baliosián, uno de los productores que financiaron la cinta.

 Este equipo fue premiado en el Espacio Uruguay durante el XVIII Festival Cinematográfico Internacional realizado por Cinemateca. No es para menos. Esta barra de amigos hizo uno de los mejores largometrajes uruguayos de los últimos años.

diario el observador, juan andrés ferreira, 27 junio 2000
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